Hoy todos podemos
creer, y dar certeza que vamos por buen camino, pero esto no debe entenderse como
una victoria, porque no lo fue, fue una triste derrota, no como las otras,
pero derrota al fin y al cabo.
El pasado sábado
nos dimos cuenta que ya no somos ese equipo que juega colgado del arco, ése que
se pelea la camiseta de Ronaldinho al final de un partido perdido, ése equipo
que espera un milagro, el que apela a esa fe ciega para que ocurra lo
impensado. El sábado mataron el fantasma del Cóndor Rojas, del Chile tramposo y
mediocre. Somos otro equipo, otra sociedad, la cual siente que el trabajo bien
hecho rinde frutos, somos un nuevo Chile, y al mismo tiempo, una nación que
sacó el espíritu de sus pueblos originarios a flote y la esperada identidad la cual nos llena de orgullo. Un país que Ahora llora las derrotas y no quiere,
ni acepta triunfos morales, (aunque los medios nos vendan lo contrario), la
misma que no entiende de edad ni clase, la misma que quiere educación gratuita
y de calidad para todos, y odia la injusticia al punto de ser irracional, somos
la nueva generación, de un Chile nuevo.
Ahora el mundo es cruel
con quienes se arriesgan, y muy injusto con la justicia. El pasado sábado,
experimenté algo nuevo, una sensación especial la cual no conocía -en el
contexto que se estaba viviendo-, decir que ése grupo de personas desafiaron al
mundo y los prejuicios que existían, realmente seria subestimar la realidad,
se ganaron el corazón de todos.
Tengo pena, pero
por lo menos hoy sé que vamos por buen camino, y quizás estemos siendo testigos
del comienzo de la nueva historia del fútbol chileno, traspasado a cada uno de los habitantes del país.
Por Manuel Galindo @_galin2
