jueves, 26 de junio de 2014

La nueva iglesia y sus colores.


Felipe Berrios, sacerdote, 57 años, viene llegando de África tras pasar 4 años haciendo voluntariado. El pasado martes hablo fuerte y claro en el "En Informante" sobre educación, aborto y salud, entre otras temas, que fueron abordados desde su vitrina como jesuita, pero el tema que mas ronchas sacó, fue el de la homosexualidad, y la mirada de Dios en ello.


“¿Cuál es el problema del matrimonio homosexual? Los homosexuales son hijos de Dios. Él los creó homosexuales y lesbianas, y Dios está orgulloso de que lo sean”, manifiesta.




Cercanas y directas son las declaraciones, que encendieron al instante en Twitter y no dejó indiferente a nadie.  Los adeptos por una parte se multiplicaron en la red del pajarito, manifestando opiniones tales como:

¿Por qué nos sorprende que un sacerdote esté a favor del matrimonio homosexual? ¿Por que nos escandalizamos con su dichos al decir "ellos son tan hijos de DIOS, como cualquiera de nosotros? “Él los hizo así, y así los ama", "él está feliz", refiriéndose a Dios en modo de comulgar la aceptación.
Frente a eso, las ‘ronchas’ o la ‘arena en partes ocultas’ no tardaron en aparecer dejando en manifiesto –en algunos casos- lo mejor de nuestro léxico.




Entonces, increíble que a la fecha aún hayan personas que se escandalicen con tanta verdad, y que no entiendan, ni respeten que el otro sea "distinto". Nos olvidamos de la individualidad, de la naturalidad de cada ser, y tal parece que la vieja sociedad quiere sólo a individuos sin opinión, que ojalá trabajen y no molesten al de lado.

Hablo de falta de tolerancia, y es que al día de hoy, no somos capaces de ponernos en la posición del otro, a menos que nos pase a nosotros. Hoy por hoy, tengo dos posturas claras: si mi hijo(a) es gay, lo apoyaré, y que si en un futuro lejano llegara a casarme, lo haré cuando Valentina y Karen, también puedan hacerlo.



Por Tamara Maldonado @Tamaxan