Que el
Transantiago conduce o anda por mal camino, no es secreto para nadie, lamentablemente
esta ha sido la tónica que ha marcado un proyecto que no se ha podido
estabilizar con el tiempo, peor aún, se ha transformado en la piedra en el
zapato para el gobierno de turno desde su implementación.
Todo esto sumado a la
paralización del pasado jueves que convocaron los choferes del transantiago,
donde no obtuvieron una gran adherencia, ya que se esperaba, que 7 de las 8
empresas de transporte se adhieran. La idea es ejercer presión, con el fin de
buscar mejoras salariales y regular la cantidad de las horas de trabajo.
Además, se busca modificar el código laboral, junto con terminar con las
prácticas antisindicales y la estatización del transporte público. Esto se suma
al discurso de el entonces dirigente sindical Marco Antonio Cuadra, quien se
quemara a lo bonzo a principios de junio, y falleciera el pasado martes,
dejando en evidencia los malos tratos de la misma compañía hacia sus
trabajadores, que son la antesala de los últimos acontecimientos de violencia y
destrozos, que han afectado tanto a conductores como a las maquinarias que
usaron estos los mismos, en las últimas manifestaciones de “alegría” por parte
de la hinchada futbolera.
El resultado
fue de una pobre asistencia, la cual los medios se encargaron de destacar junto
con el crecimiento de la evasión, lo que se transforma en el argumento perfecto
para justificar la millonaria inversión que cae en la permanente resurrección
del transantiago.
En cambio la
respuesta de la ciudadanía es que el sistema es deficiente, y el alto costo no
lo justifica, ni merece un pago por el deplorable servicio que entregan. Sí, es
más de lo mismo, y finalmente los únicos afectados, somos los usuarios, los
cuales sufrimos las alzas en el costo del pasaje
Por Manuel Galindo @_galin2
